El Sermón de la Plaza; una ceremonia perdida PDF Imprimir E-mail

Sólo una antigua fotografía, de principios del siglo XX, y algún que otro testimonio oral de los más ancianos de nuestro pueblo es lo que nos queda de esta antigua ceremonia que según todos los indicios contaba con un gran arraigo popular.

Conferencia sobre El Teatro Medieval de los MisteriosEs nuestro hermano D. Juan Ignacio Pérez Díaz, Licenciado en Geografía e Historia, quien por medio de su brillante conferencia “El Teatro Medieval de los Misterios y su influencia en la Semana Santa; El Sermón de la Plaza”, arroja luz y sitúa los orígenes de esta curiosa costumbre, auténtica reliquia de un pasado remoto.

Comienza este estudio por el siglo V, cuando la Iglesia Católica consigue, por medio de la influencia que ya ejercía sobre el poder civil, la prohibición del Teatro Clásico, por considerarlo corrupto y degenerado. Pero paradójicamente sería luego la misma Iglesia quien en su propio seno albergase el renacimiento del arte dramático. Comienza por el propio sacrificio de la Misa, que con su estructura de diálogos, recitaciones o salmos, deja ver claramente la influencia dramática que subyace en el rito sacrifical. Conforme va avanzando la Edad Media, la Iglesia se reafirma en propiciar ese carácter teatral a su liturgia, viendo el alto valor catequético y docente que ejercía sobre una sociedad mayoritariamente inculta y analfabeta. Serían los propios sacerdotes quienes comenzaran a representar dramas de carácter religioso con los que solemnizaron las principales festividades y misterios. Este hecho aun habría de manifestarse con mayor claridad en los tropos, amplificaciones de un canto litúrgico por medio de adiciones o sustituciones. El tropo más antiguo que se conoce es una “Visitatio Sepulchri”, de Limoges, en Francia, entre los años 923-924.   

Los primitivos dramas latinos son traducidos a las lenguas vernáculas, dando comienzo a lo que se llamó el Teatro de los Misterios. Proliferan por toda Europa los autos sacramentales  -a raíz de la institución de Fiesta del Corpus Christi por el Papa Urbano IV en 1264- y otras representaciones teatrales, con especial preferencia por los temas bíblicos del Génesis, el Éxodo y la vida de Cristo, especialmente su Pasión, Muerte y Resurrección. Muchos de estos episodios sagrados no procedían de los Evangelios Canónicos, sino de los Apócrifos, y de la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine. Estas representaciones dramáticas contaron con  gran aceptación por parte de un público iletrado, y comenzaron a llevarse a cabo dentro de los templos primero, en escenarios instalados ante las iglesias y catedrales después, y pasaron por último a ser representados sobre una especie de carros, que se desplazaban por las ciudades y que eran enormemente populares. Estos carros dramáticos, auténticos escenarios itinerantes, serían los antecedentes de nuestros pasos procesionales. Se les conocía en Francia como “Passons”, coincidiendo etimológicamente incluso con nuestro término “Paso”. Los distintos gremios, como pasaría posteriormente con las Cofradías, se repartieron la temática de las representaciones. Pero estos populares teatros acabarían cesando cuando finalizaba el siglo XV.

Por otro lado, las Hermandades y Cofradías de disciplinantes, que ya existían desde el siglo XIII, experimentan un cambio sustancial motivado por la celebración en Roma del Concilio de Trento (1554-1563), mediante el que la Iglesia Católica entiende claramente que no hay arma mejor para luchar contra la herejía iconoclasta protestante que la Sagradas Imágenes sacadas en Procesión. Hasta entonces, las Cofradías terminaban sus cortejos con un simple Crucifijo llevado en alto, pero a partir de aquí aparecen los pasos procesionales, y el gran recuerdo que aun pervivía en el pueblo del Teatro de los Misterios provoca que las Cofradías adopten y hagan suyos muchos de los aspectos de aquél.

Aunque en las zonas urbanas las Cofradías acabaron circunscribiendo su representación dramática a las Imágenes, en las zonas rurales encontramos mayores vestigios de ese Teatro Medieval. Así aparecen los figurantes o actores humanos, u otros elementos inequívocamente dramáticos. Las carreras, los encuentros, y toda una variedad de ceremonias y personajes, siguen vivos aun en muchos pueblos como testimonios de ese Teatro Medieval.

El Sermón de la Plaza

En Bollullos par del Condado también se conservaba una reliquia de ese pasado. Concretamente era nuestra Hermandad quién custodiaba ese tesoro etnológico y cultural que estuvo representándose hasta el estallido de la Guerra Civil Española. Se le conocía como “El Sermón de la Plaza”, y concretamente se trataba de una ceremonia heredada del Teatro Medieval en la que las Sagradas Imágenes se convertían en actores y realizaban acciones propias de éstos. El Cuaresmal (fraile que predicaba en el pueblo durante toda la Cuaresma) se subía al balcón de María Pepa Boza, en la Plaza del Sagrado Corazón de Jesús, y esperaba que, una vez llegada la Cofradía a la misma, se disolviera el cortejo y los pasos se colocaran uno a cada extremo de dicha Plaza. Hemos de decir que nuestra Hermandad realizaba entonces su Estación de Penitencia con cuatro pasos: Santa Verónica, San Juan, María Santísima del Pasmo y Nuestro Padre Jesús Nazareno con Simón de Cirene. A las indicaciones del Cuaresmal, que narraba con cuanto patético dramatismo le era posible el Episodio de la Calle de la Amargura, los cuatro pasos antes mencionados se movían según las necesidades de lo narrado en cada momento   …“Y  entonces La Verónica, acercándose a Cristo limpió su rostro con el paño que llevaba”…    Y el pequeño paso de la Verónica se acercaba hasta colocase frente al paso del Señor, y un nazareno con su vara acercaba el paño al rostro de nuestro antiguo Titular, entre el clamor y la devoción del pueblo sencillo. Así hasta que se llegaba al Calvario, momento en que acababa el Sermón, volvía a organizarse la Cofradía y continuaba con su itinerario. Realmente era una ceremonia curiosa y distinta a cuanto hoy conocemos, pero también hermosa y de indudable valor catequético.      

La antigua fotografía del Sermón de la Plaza que ilustra este texto y que a su comienzo mencionábamos, es digna de examinar con detenimiento. Realizada desde el andén del Ayuntamiento, el fotógrafo capta en su instantánea el momento antes descrito en que Santa Verónica se acerca al Señor con el lienzo enrollado. Aparece en primerísimo plano la sencilla cruz de guía de la Cofradía, rematada por un tosco “INRI”. Podemos observar la antigua Imagen del Señor, destruida en la Guerra Civil, con una preciosa túnica bordada en oro, y acompañada en su paso por la imagen de Simón Cirineo, también desaparecida. Junto al paso de Cristo se observan varios nazarenos y se adivinan algunas insignias que no podemos precisar. Vemos muy próximo ya el pequeño paso de la Mujer Verónica, sosteniendo en sus manos el lienzo grabado con la Santa Faz. Sobre la fachada de la también desaparecida Capilla de la Misericordia vemos recortarse a la izquierda la manga parroquial. No aparece enmarcado en la fotografía el paso de San Juan Evangelista, tal vez porque el Discípulo Amado estuviese en ese momento situado en la parte derecha de la Plaza. Al fondo vemos aproximarse el sencillo paso de palio azul de María Santísima del Pasmo, Imagen también destruida, con ocho varales, y que desde la Calle Real se acerca al encuentro con su Hijo para escenificar el Pasmo de la Virgen. La indumentaria de la época, algunos sombreros de ala ancha, el numeroso público agolpado, presenciando el acto, nos muestran el sabor rancio de aquellas pretéritas Madrugadas de Viernes Santo en nuestro pueblo.         

No tenemos del Sermón de la Plaza documento escrito alguno, por lo que aun se nos hace más difícil el constatar como desapareció de repente, como por ensalmo, un acto que contaba con tanto arraigo popular. Pero lo cierto es que, aun recuperándose la Hermandad de los ataques vandálicos de 1936 gracias a la mediación de D. Liborio Acosta Carrera, se decide al hacer de nuevo Estación de Penitencia el no perpetuar la representación de este Sermón.  Únicamente tenemos constancia de una reminiscencia de este acto en los libros de actas de la Hermandad, siendo Hermano Mayor D. Emilio Senra Contioso, donde leemos que la Cofradía rezaba agrupada la Estación Mayor al Santísimo Sacramento cuando llegaba a la Plaza del Sagrado Corazón de Jesús. Pero esta costumbre, con el tiempo, también acabaría desapareciendo. Nos permitimos decir que quizá se debiese a la progresiva “sevillanización” de nuestras Semana Santa, pues como antes hemos visto, en las zonas urbanas sería donde primeramente desaparecieron estas influencias arcaicas del Teatro de los Misterios Medieval.