Poemas dedicados PDF Imprimir E-mail

Poema de Francisco GarfiasLa Virgen por Bollullos
tan coronada
se ha vuelto noche fría
de madrugada.

¡Qué hielo en los verdores
de los pinares;
qué cuajada la espuma;
qué duro el sauce;
qué dolor en la pena;
qué fino el aire!

Porque ella, sola,
sabe que sigue siendo
Co-Redentora.

                                      FRANCISCO GARFIAS.
                            Premio Nacional de Literatura.

 

Poema Laureano Jiménez - La Borriquita“Cristo montaba un pollino.
Sus Doce le acompañaban
y orgullosos se ufanaban
de su Maestro Divino.
“¡Hosannas!” por el camino
repicaba la alegría
de la plebe… Atardecía
entrando en Jerusalén.
Y suspiraba también
la tarde cuando moría.
El olivo y la palmera…
Y Cristo sobre el pollino.
Que Jerusalén le espera
alfombrándole el camino
con una Cruz de madera”.

Poema Laureano Jiménez - Nuestro Padre Jesús Nazareno“La Cruz sobre el hombro hendida
y tu cabeza inclinada
con la fatiga clavada
por tanta sangre vertida.
El Viernes de amanecida,
con tu morado de estreno
y con tu rostro sereno
-fue mi pecado tan fuerte-
va caminando a la muerte
Padre Jesús Nazareno.
Por tres veces has caído.
Cómo te pesa el madero.
Cómo, Señor, has sufrido.
Era mi peso de acero.
Tu sangre lo ha redimido”.

Poema Laureano Jiménez - Virgen del Pasmo“¡Ay, Madre rota! ¡Qué llanto
tan hondo por tus mejillas!.
¡Cómo brotan las semillas,
Princesa, de tu quebranto!.
Y es que te ha dolido tanto
ver a Jesús tan dolido,
tan solo, tan afligido,
con el pesado madero,
que Pasmo tan traicionero
el corazón te ha partido.
Madre del Pasmo, Señora.
La de la pena crecida.
Tu corazón  ¡cómo llora!”.


                           LAUREANO JIMÉNEZ CARRIÓN.
                           Extractos de su libro “RETABLO DE LA PASIÓN”.

 

Es tu boca, MANUEL, el tiempo enamorado,
y tu hombro el umbral donde la cruz descansa.
Tu sangre, hecha amapola,
busca el cauce del mar, la mar en calma
que se hará espuma en Ti, cuando ya mueras.
Lunado, por tu pelo, la luna de Nizán se hace jirones.
Tu mirada de miel,  ya derramada,
y el casto cuello
por donde el sudor huye en desbandada,
es un gran hematoma que amedrenta.

Te duele la victoria,
pero aún así, MANUEL,
con la cruz cargas.
Vas mirando y sin ver tu noche oscura.
Todo es oscuro en Ti. Todo una sombra.
Fruto fuiste de Abril y hoy ya, carcoma.
Desde lejos,
una guadaña a gritos te reclama.
Te está llamando a voces por los campos.
Mas tu pulso, MANUEL,
no tiembla ya, Señor, ni se acobarda.

Ahora,
todo es igual.
Que, más tarde, Señor,
todo, todo será distinto,
porque le habrás ganado el pulso a la batalla.

Y estaremos salvados.
Y habrá una ETERNIDAD para nosotros.
Otra oportunidad.
Y podremos mirarte, mansamente.
Mirarte, sí, MANUEL, es lo que ansío.

Serás,
mi Dulce Arquero,
Aquel a quien confío
y consiento que mi corazón parta
y lo atraviese así, en dos mitades,
con su flecha de AMOR,
de AMOR FRATERNO.

¡MANUEL, dime el atajo, cuál el puente
para llegar a Ti!.
¿Dónde tu orilla?
¿Por qué nieve subir?
¿Qué cordillera
deberé recorrer para encontrarte?.
¡Ya nada importa aquí!
¡Ya nada tengo!.
Lo que tuve está en Ti. Junto a tu vera.
Y hacia allí quiero ir.
¡Fueron tantas las cosas que debí decir...!
¡Que no las dije!
¿Cuál la ruta, MANUEL, cuál el sendero?
¿Deberé ir descalzo?
¿Presentarme ante Ti, sin ataduras?
Poema Ramírez Espina¿Perdonando antes todo?
No contestes, MANUEL, no me contestes,
que la duda prefiero a la certeza.
Mansamente
-desde donde te escribo-
esperaré a que llegue y aproxime
tu eterno, tu pacífico invierno
que me llevará a ELLOS, a su encuentro.

Mientras tanto,
aquí me tienes. Aquí estoy para Ti.
En Ti confío.



                                  RAMÍREZ ESPINA