Capilla de Nuestro Padre Jesús PDF Imprimir E-mail

Capilla de Nuestro Padre JesúsSe sitúa en la confluencia de dos calles, Jesús y Pérez y Vacas, que se unen en su fachada principal ante la Plaza de Abastos. Cuenta con una pequeña plazoleta donde se alza una cruz de forja sobre un sencillo monumento, con rejería y cuatro columnas, a base de ladrillo de cara vista y azulejería, con un bello retablo cerámico del Señor de Pasión de Sevilla, obra de Kiernam. Ante este monumento se ubica además una fuente.

La Capilla tiene dos naves. La nave principal, con techumbre mudéjar de artesa con tirantas, propia del XVIII, que desemboca en la capilla mayor, es la más antigua. Se ilumina a través de un vano abierto muy en alto sobre el muro derecho. La arquería divisoria de naves presenta cuatro arcos de medio punto sobre pilares rectangulares con impostas. Los pilares tienen resaltos o pilastras adosadas que se prolongan y unen transversalmente con otro horizontal, enmarcando los arcos a guisa de alfiz.

La capilla mayor, de planta cuadrada, se cubre con bóveda semiesférica sobre pechinas. La media naranja está subdividida por ocho lesenas o pilastras. Sobre el arco triunfal hay una cartela con el monograma J.H.S. Desde el presbiterio, por el costado derecho, se ingresa en la sacristía.

La nave lateral se cubre con techumbre de colgadizo. A través de un arco de medio punto, recortado en los muros, sobre ménsulas de escayola en cornisas y roscas del arco triunfal, tres vanos, practicados en el muro lateral, iluminan el sector. Esta capilla absidial comunica directamente con la capilla mayor. La solería de toda la ermita es de mármol blanco y gris de Cártama, donado por Francisco Jiménez Bocanegra en 1886. El zócalo es de cerámica sevillana de arista, y fue colocado en entre 1993 y 1994.

La parquedad de la volumetría exterior de la Capilla es propia de estas construcciones populares. El aspecto actual del imafronte se debe a la reforma de 1946. El núcleo principal corresponde a la nave mayor. Su composición tripartita queda subrayada por cuatro pilastras, adosadas al muro sobre podio corrido. Las dos centrales de orden dórico-toscano, al igual que las dos restantes, delimitan la puerta principal. Sobre ellas, a modo de capitel, sendos mensulones completan la altitud de las pilastras laterales. El entablamento discurre sobre ellas. Al centro, componiendo una portadilla de ingreso, la cornisa se pliega configurando un frontón triangular partido, en cuyo interior hay un óculo mixtilíneo. El ímpetu ascendente de las pilastras colaterales posibilitan la erección de dos pilares coronados por bolas o jarros. Entre ellos se despliega el remate o frontis, cuyo movido perfil superior nos hace reparar en la espadaña. Esta espadaña es de un solo cuerpo. Se trata de un arco de medio punto con imposta entre pilastras dórico-toscanas. El conjunto, flanqueado por estribos o cartones, ostenta un frontón curvo con una cruz de cerrajería entre bolas. Está provisto de esquila.

La fecha de ejecución de la obra consta en un paño cerámico sobre el dintel de la puerta principal. La inscripción dice: “JHS. NUESTRO PADRE JESÚS. MCMLVI.” El resto de la fachada corresponde a la nave lateral derecha. Es un aletón de de núcleo precedente. Centrado en el paramento hay un retablo polícromo de la Virgen del Pasmo. Otro retablo cerámico del Nazareno enriquece la fachada lateral, que corresponde a la calle Jesús. Ambos son obra del pintor Enrique Mármol, de la Fábrica Mensaque Rodríguez, de 1946. El primero tiene veinticinco piezas y el segundo veinte.

En su interior se conservan algunas piezas anteriores a 1936, entre ellas, dos retablos barrocos dorados. Comenzando por el lado del evangelio, encontramos un lienzo del siglo XIX, el Llanto sobre Cristo Muerto. A continuación, también del XIX, la Aparición de la Virgen y el Niño a San Agustín. Después de la ventana, una copia de la Inmaculada grande de Murillo de Fernando Carrasco Ferreira. Seguidamente, un retablo hornacina acoge a la Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén. Tras la siguiente ventana, un marco tallado y dorado con Nuestra Señora de las Mercedes Coronada, Patrona de la ciudad. En la capilla absidial hay una hornacina rectangular rehundida, que recibía una cruz de mayo. Actualmente esa hornacina está cubierta por un dosel realizado en 2009 usando la crestería del antiguo paso de palio obra de Manuel de los Ríos (1992) y una bambalina bordada en oro por las hermandas del Taller de Bordado de la Hermandad. Este dosel acoge a la imagen de San José con el Niño, según la iconografía roldanesca del XVII. A continuación, la Virgen del Socorro.

La capilla queda presidida por el retablo mayor, de orden salomónico, con columnas caladas. Está concebido a modo de arco triunfal rehundido, flanqueado por cartones laterales con angelotes pasionarios y rematado por un copete con el relieve del Padre Eterno. La arquivolta exterior se ornamenta con una crestería. La hornacina central reproduce, a menor escala, el esquema compositivo exterior. Las columnas salomónicas de esta pieza están primorosamente caladas en avispero. Se trata de una notable obra sevillana del último cuarto del siglo XVII, del entorno de Bernardo Simón y Pineda: tanto su composición, como su repertorio decorativo se inspiran en el retablo del Hospital de la Caridad de Sevilla. Ocupa la hornacina central la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. La frontalera del altar es de azulejos sevillanos, pintados a mano en la fábrica de “Mensaque Rodríguez y Cía”. La mesa de altar, obra de D. José Calvo Cadaval, fue tallada y dorada en 2008.

Sobre la puerta de la sacristía, un lienzo de factura popular del XIX con la Aparición del Niño Jesús, Buen Pastor, a Santa María Francisca de las Cinco Llagas, religiosa terciaria franciscana de Nápoles (1715-1791). A los pies del Niño pueden verse los símbolos pasionarios (bolsa, martillo, tenazas), que aluden a la devoción pasionista de la Santa.

En la nave principal hallamos el púlpito de hierro, con barrotes abalaustrados; la tarima es soportada por un cáliz de chapa recortada, con nervios en forma de hoja.

En la pared del lado de la epístola, un lienzo del XIX de la Soledad de María con ángeles pasionistas y un retablo marco, de columnas pareadas y entorchadas, con decoración floral pictórica de principios del XVII, que posiblemente albergara alguna pintura, y en cuyo ático figura un lienzo del Nazareno. La hornacina central está ocupada por la Imagen de la Santísima Virgen del Pasmo. A su derecha, un lienzo decimonónico de San Rafael Arcángel. Le sigue un arco rehundido en el que figura la antigua cruz de salida de Jesús Nazareno, obra de Manuel Cano Lagares. A continuación, un lienzo del siglo XIX de la Divina Pastora.

A los pies de la nave se alza un retablo, recompuesto con elementos de hojarascas y rocalla del siglo XVIII, en el que aparece a figura de San Juan Evangelista, obra de Mario Díaz de 1991. Una representación de las Dos Trinidades: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad del Cielo; y Jesús, María y José, Trinidad de la Tierra, de la primera mitad del XVII sevillano. Un lienzo, copia de San Antonio de Murillo, y a continuación, sobre una vitrina neogótica, el Niño Jesús Salvador, popularmente conocido como “Manolito Jesús”. Por último, pila de mármol para el agua bendita y un azulejo de Nuestro Padre Jesús, obra del pintor Antonio Martínez Fernández.